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SECOND LIFE: NUEVA ORLEANS NOCTURNA

by Alejandro Campolieto

Esta nota de revista AUTOS & VIAJES describe a Nueva Orleans de una forma muy particular, como lo es el estilo de la revista. Por la duración de la misma la dividiré en dos partes,  la siguiente nota SECOND LIFE: Nueva Orleans de noche y presionando este link podrán leer Nueva Orleans: Música para tus oídos. Disfruten del viaje.

Nueva ORLEANS NOCTURNA. La ciudad adopta un color diferente por las noches, desinhibiendo a los transitorios turistas y desplegando un abanico de ofertas pecaminosas.

Ni Superman se cambia tan rápido como la ciudad de Nueva Orleans. El paso del día a la noche se da a la velocidad de la luz, y casi no existe transición entre la familiar vida diurna y las tentadoras ofertas nocturnas.

Toda la acción se delimita al Barrio Francés (o French Quarter), existiendo dos zonas bien diferenciadas. La más transgresora es la que se extiende desde Canal Street a través de la famosa calle Bourbon a lo largo de unas explosivas seis o siete cuadras. La segunda se traslada hacia el lado norte del barrio, en Frenchmen Street, la cual ofrece opciones más relajadas y con menos vicios al alcance de la mano.

La Bourbon Street es la calle donde pareciera que todo está permitido. Convertida por las noches en un paseo peatonal, es muy común ver gente zigzagueando desde muy temprano. En ella se encuentran la mayoría de los bares y pubs donde se puede disfrutar de música en vivo, fiestas electrónicas o desfachatados karaokes. Pero es también el sitio predilecto de los burdeles, ya que casi la totalidad de los transeúntes son turistas con dinero y grandes niveles de alcohol, lo cual utilizando como carnada a bellas señoritas los convierte en presas fáciles.

El punto negativo de esta calle es la presencia de la drogas. En mis 37 años de vida he visto muchas cosas, pero jamás me habían ofrecido estupefacientes con tanta impunidad. Apenas tres noches caminando estas cuadras bastaron para recibir no menos de seis o siete veces la posibilidad de comprar cocaína. Y no tuve que escabullirme por un callejón ni adentrarme en ningún baño para que me llegara la oferta, simplemente me sucedieron caminando por la calle, como si se tratara de un “arbolito” del Microcentro porteño que en vez de dólares vendía droga al susurro de “Cocaine man, cocaine” (“Cocaína hombre, cocaína”).

Si se cuida de no caer en las oscuras tentaciones, el resto es sólo placer y diversión. Mientras camina por esta calle no deje de mirar hacia arriba. Casi todos los bares tienen acceso a los balcones del primer piso, donde la gente arroja collares de colores a mansalva. Esta práctica se volvió una costumbre cotidiana, y muchos la utilizan como arma de conquista. Basta con señalar desde arriba al blanco preferido y apuntar, en una de esas tiene suerte.

Lo mejor de todo aquí es que está permitido consumir alcohol en la calle. Sumado esto a que todos los bares permiten que uno entre y salga cuando quiera con su vaso cargado con su bebida favorita, hace que se pueda disfrutar aún más. Así, ir de un bar al otro se convirtió en mi pasatiempo predilecto para escuchar buena música. Allí las bandas casi siempre tocan sin cobrar y dependen de la propina del público para mantenerse, y no sería raro que haya algún cazatalentos entre público. Jazzistas reconocidos como Dinah Washington, Billie Holiday y Louis Armstrong han tocado en estos escenarios, donde hoy el aplauso se reparte entre el jazz y el blues principalmente, pero también el rock, el funk, el grunge y el folk, entre los más presentes.

Ahora, si lo que busca es un buen sitio para beber una cerveza, más relajado, con buena música y un ambiente un poco más tranquilo la opción es Frenchmen Street. Ubicado en el otro extremo del French Quarter, se presenta como una alternativa más madura y menos desenfrenada pero con la misma temática. La posibilidad de recorrer diferentes bares en una misma noche sigue siendo el principal atractivo.

En estas horas las inhibiciones quedan afuera. Es muy común ver gente disfrazada, tal vez festejando algún acontecimiento como una graduación, una despedida de solteros o incluso algún divorcio, o simplemente por locura. La noche parece un “vale todo”, donde no se sabe bien cuál es el límite que no se debe cruzar. Lo único que queda claro es que puntualmente a las 4 de la madrugada la carroza de la diversión se convierte en calabaza. Sólo queda por acercarse a uno de los carritos de comida estacionados en las esquinas y rendirle honores a sus fabulosos hot dogs antes de emprender la retirada. Apenas unos minutos después comienzan las labores de limpieza para que todo vuelva a su orden por la mañana, cuando las familias regresan a las calles y los borrachines se recuperan en sus camas de hotel.•

 

Texto y fotos: Andrés Canet

Nota cedida por REVISTA AUTOS & VIAJES

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