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Siguen las vacaciones: Destinos de lujo para los viajeros del vino

by Alejandro Campolieto

Visitar bodegas, participar de catas, recorrer paisajes nuevos. ¿Dónde ir para darse un gusto?. Nuestros amigos de Vinómanos nos sugieren un listado de lugares imperdibles para visitar.

Viajar de copas. Esa es una idea que, al destapar una botella, se reaviva junto con al imaginación: se sueña con parajes remotos, viñedos dorados al sol de la tarde y uvas fragantes y jugosas colgando a la altura de la mano. Pues bien, ese viaje es posible. Más aún hacerlo en plan lujoso de fin de semana. Y ahora es tiempo de hacerlo (o de planificar).Sea para darse un gusto este verano o bien aprovechar el fin de semana largo que se avecina para carnaval o el más largo aún de Semana Santa (se le suma el 2 de abril), conviene apuntarse estos destinos.

Valles Calchaquíes

El valle más famoso del NOA en materia de vinos es también un destino perfecto para hacerse una escapada de 4 o 5 días. Menos, puede parecer corto. Más, a los parámetros actuales, ya son vacaciones. El asunto con el Valle Calchaquí son las distancias. Con un auto alquilado todo se hace más simple. A la hora de elegir lugares para quedarse y probar los nuevos tintos especiados del norte, en plan lujo destacan por lejos Grace Cafayate y Estancia Colomé.

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A pocos minutos del tranquilo pueblo de Cafayate, epicentro de las bodegas del NOA, Grace Cafayate es a la vez un hotel y un country para amantes del golf. Ubicado en el corazón del valle, las vistas son inmejorables mientras que conviven islas del agreste bosque nativo, con la naturaleza domesticada de los 18 hoyos y los viñedos. Plato fuerte del lugar son las Villas -por todos llamadas “vilas”- de un lujo que pica justo entre la sofisticación business y country side, y donde por la tarde es dable cruzarse con unos zorritos mientras saltan de rama en rama chingolos y gorriones.

Metido quebrada Calchaquí adentro, y luego de tres horas de manejo, se llega a Estancia Colomé: el sueño

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del bodeguero suizo Donald Hess, que instaló una hostería de lujo en un remoto paraje entre viñedos. Alejado de todo, es un lugar al que llegar y dejarse estar por dos noches, como mínimo. Lo valen. Caminar por los viñedos, recorrer el bosque nativo y sentarse en la terraza que balconea sobre el valle a ver la profundidad de la noche, no tienen precio. El atardecer en el increíble Museo de la Luz de James Turrel -un artista norteamericano que realiza instalaciones donde la luz es el material, puede cambiar la manera de ver los atardeceres.

Valle de Uco

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El punto alto de los vinos mendocinos está el Valle de Uco. Área extensa y rica en viñedos, manzanares y cerezos, aquí lo que manda es la vista extensa y dominada por la cordillera de Los Andes, con cumbres nevadas entre las que destacan el Cerro Plata y el cono macizo del volcán Tupungato. Queda a unos 100 kilómetros de Mendoza y de punta a punta el valle tiene unos 80 kilómetros, de modo que ir en auto y hacer base en el centro del escenario es una buena idea. Ahí, Casa de Uco y Tupungato Winelads suponen dos lugares muy diferentes en los que beberse una copa de Malbec.

Casa de Uco es un hotel de diseño. Desarrollado por el arquitecto Alberto Tonoconogy, supone un exquisito edificio mimetizado en el paisaje. Desde la ventana del bar, por ejemplo, lanzada sobre el paisaje varios metros, se tiene la sensación de volar sobre los viñedos y entrar en la montaña. Asimismo, comer en el coqueto restaurante y beber los vinos de la casa, todos desarrollados en la bodega experimental en la que los inversores del proyecto -compran tierras y elaboran vinos a escala- tienen sus propios tanques y piletas. Desde aquí y hasta Paraje Altamira o Gualtallary, donde están las principales bodegas, hay media hora en auto por lindos caminos.

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Tupungato Winelands, en cambio, es un country de vinos con una preciosa cancha de golf de 18 hoyos y dos de polo. Ahí tiene lugar el proyecto Can Pedra, una bodega biodinámica enclavada en los cerrillos. El hotel adjunto es el Auberge du Vin, de modesto diseño, pero cuyas puertas ventanas están a dos metros de los viñedos. Tomarse una copa de Pinot Noir o Chardonnay de la zona, al fresco de la primera noche, es una experiencia impagable.

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